
Un descubrimiento arqueológico extraordinario ha sorprendido de la misma forma a los investigadores y al público general en Suiza: dos monedas de oro celtas, de más de 2200 años de antigüedad, han salido a la luz cerca del pueblo de Arisdorf, en el cantón de Basel-Landschaft. Estas piezas figuran entre las monedas celtas más antiguas jamás halladas en Suiza, y aportan una nueva perspectiva sobre los orígenes de la moneda, las prácticas rituales y las redes culturales del continente durante la Edad del Hierro.
El hallazgo se produjo en un paraje boscoso conocido como Bäranfels, un área en el que ya se habían documentado importantes descubrimientos arqueológicos en campañas de trabajo previas. Allí, dos investigadores voluntarios que colaboran con Archäologie Basseland (el servicio arqueológico regional) identificaron, durante una prospección sistemática en primavera de 2025, dos monedas de oro: un stater completo y un cuarto de stater.
Los expertos han datado estos hallazgos entre la mitad y el final del siglo III a.C, lo que los convierte en piezas de una antigüedad excepcional y muy raras en el registro suizo. Hay menos de dos docenas de monedas comparables de este periodo en todo el país.
Los numismáticos han identificado las monedas como parte de los primeros diseños de acuñación céltica influenciados por los modelos de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno. Este rey reconocido en la historia de la Antigua Grecia impulsó la circulación monetaria en el mundo mediterráneo, y los pueblos celtas adoptaron elementos iconográficos como la cabeza del dios Apolo en el anverso y una biga (un carro tirado por dos caballos) en el reverso. Todos ellos adaptados en un estilo artístico propio.
Sin embargo, es muy probable que estas monedas no se usasen nunca para el comercio cotidiano. Su excepcionalidad y su valor hacen que los arqueólogos las hayan relacionado con usos especiales, como pagos entre élites, obsequios diplomáticos, dotes matrimoniales u ofrendas rituales. Este tipo de hallazgos en el resto de Europa se han encontrado asociados al registro funerario, en tumbas, humedales u otros lugares vinculados a creencias sagradas.
El lugar donde se dio este descubrimiento encaja con el mencionado patrón. Los zonas húmedas eran consideradas sagradas en muchas de las culturas celtas, y el depósito deliberado de objetos de valor en estos lugares forma parte de prácticas rituales documentadas arqueológicamente (y también en las fuentes escritas) en varios puntos del norte de Europa.
Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre los sistemas monetarios tempranos en la Europa antigua, sino que también pone en valor el papel que jugaron las comunidades celtas en la circulación de objetos de gran valor simbólico y material mucho antes de la llegada de los romanos al norte de los Alpes.









